Euphorion  
ISSN 1657-1843  
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    Asociación de Investigaciones Filosóficas   
 


Euphorion No. 6

Leprocomio

A Simple Vista

Nilson Oliveira

Traducción: Carlos Enrique Restrepo

Aquí adentro tengo la súbita impresión de que allá afuera las horas pasan. ¿Aquí aún es de noche, o será de día? No lo sé con certeza. A mi regreso siento el pasar de las cosas, mi fatiga poco puede contra eso, mi cuerpo pesa, mi cabeza pesa, por momentos intento escapar, y por algunos momentos hasta escapo. Son idas furtivas de pensamiento, mas veo todo con desconfianza, medioapartado de la cosa vista. La ciudad, las calles, algunos transeúntes pasan en un arrastrar de cuerpos, casi nada acontece. Van y vienen, pero se mueven poco, como si la vida se estuviese resecando o desvaneciendo lentamente. No siento ningún entusiasmo, apenas veo con una no-atención, un cierto descuido con  lo que veo, como si no quisiese tomar parte o tal vez ver. Mis ojos casi no ven, o mejor, no ven de las cosas más que sus superficies, pero no distinguiendo nada. La ciudad, las calles y los transeúntes se suman en una sola imagen, en un solo plano, como en una inmensa tela. Eso me cansa mucho, aun así no paro. Voy de un pensamiento a otro. Veo hasta la extenuación de las fuerzas, del transitar, del pensamiento… exhausto, paro y duermo. Tras el sueño, ando por la casa y me cercioro de que estoy solo. Lavo el rostro, ando nuevamente y regreso a la cama. Lo mismo todos los días, lo mismo en la precisión de sus detalles. Mi modo de vida es enteramente monótono. Mi casa es un lugar cerrado. Nunca recibo a nadie. Las visitas son siempre insoportables. Mi existencia, mi ocupación, mi día a día se repiten sin causarme daños.

Cuando se vive hace mucho tiempo solo y se está ya habituado, cuando se ejerce la soledad y se está, a bien decir, enterrado en ella, se descubre mucho donde no hay nada.

Mi rutina sólo se alterna una vez por semana, cuando viene alguien a leer para mí. Siempre la misma persona. Los libros son de su elección, nunca recuerdo los títulos. Lee dos horas seguidas, hace una pausa y después toma nota de lo que digo. Tras un libro, siento una inmensa voluntad de hablar, no tengo precisión de lo que digo, tampoco memoria, sé que hablo. Ella escribe y después se va; nunca revela nada, no sé su nombre o su edad, sólo reconozco su voz; a veces pienso que se asemeja a la mía, pero no llevo eso adelante. Oigo lo que la voz dice y en seguida duermo; cuando me acuerdo ella no está más, pero eso no me asusta, sé que volverá. Está condenada a eso…

 

 

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